Ser dueños de nuestro tiempo

Una de las cosas que más echaré de menos cuando empiece a trabajar será ser dueña de mi propio tiempo de trabajo. Creo que es algo que la mayoría de personas no pueden decir y es algo de lo que no he sido consciente hasta hace poco.

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Brighton Pier

En general, pensamos que nuestro tiempo nos pertenece, pero al final, muy pocas veces podemos decidir sobre él:

No somos dueños de nuestro tiempo cuando tenemos una agenda en el que otras personas pueden agendar reuniones ni cuando tenemos que trabajar o hacer cualquiera de las tareas domésticas que no nos apetece hacer.

Si sumamos todos esos momentos, al final nos quedan muy pocos momentos en los que decidimos que, si estamos en un lugar determinado, haciendo algo determinado y con unas personas determinadas, es porque queremos. Esto aplica también al tiempo libre, aunque hablaré de ese tema en otro momento.

En una semana normal, hago muchas cosas diferentes que no detallaré porque he detallado en esta entrada.

Como son bastantes cosas, y yo soy una de esas personas que desearía que el día tuviese otras 24h más, cuando comencé mi periodo sabático, decidí que iba a mantener varias normas para no convertirme en una vaga: no despertarme más tarde de las 9, seguir una planificación semanal (todos los domingos me sentaba a hacerla) y respetar los fines de semana y guardarlos para no trabajar.

Soy una persona bastante responsable y una maniática del control (lo reconozco). Una parte de mi trabajo como líder de proyectos consistía básicamente en planificar y organizar y controlar, así que he sido bastante estricta con estos propósitos hasta hace más o menos dos semanas.

Por varias circunstancias de mi vida que tampoco viene a cuento detallar, he estado un poco más baja de ánimo de lo normal y bastante cansada. Por eso, un día decidí que iba a dejar de ser estricta conmigo misma e iba a cambiar mis rutinas para hacer lo que quisiera, cuando quisiera. 

Durante dos semanas he cambiado de tarea cuando me apetecía, he dedicado el tiempo que me apetecía a comer o dormir o a otras actividades “improductivas” y me he acostado cuando consideraba. Sabía que mi responsabilidad no me iba a impedir cumplir con las obligaciones más urgentes y en cierto modo así ha sido.

Al principio sentía que era más productiva, porque estaba más concentrada haciendo las cosas cuando sentía ganas de hacerlas o cuando sabía que tenía que entregarlas. Si eres de los que “trabaja mejor bajo presión” ya sabes a qué me refiero.  Después de dos semanas, me di cuenta de que esto no iba conmigo porque ni trabajaba ni descansaba, así que decidí tomarme el jueves y viernes libre y he vuelto a planificar mi calendario.

Este “experimento” me ha hecho plantearme precisamente esto: ¿qué implica realmente ser dueños de nuestro tiempo? Todavía no tengo mi respuesta pero sí algunas reflexiones:

  • No tiene que ver con no trabajar o no hacer nada, aunque muchos puedan pensarlo. Me cuesta pensar que, si alguien se tira un día entero  pasa sus días delante de la tele, sienta que está siendo dueño de su tiempo.
  • Ser dueño del tiempo propio es un concepto personal que quizás tenga más que ver con sentirse dueño que con serlo realmente. Si cada mañana nos decimos que madrugamos, trabajamos y hacemos una serie de obligaciones que no queremos hacer quizás seamos más infelices que si nos decimos a nosotros mismos “me despierto porque quiero” o “estoy agradecido de ir a mi trabajo” o lo que cada uno quiera decirse para apreciar el día a día.
  • Uno puede preferir no ser dueño de su tiempo. Tener flexibilidad de horario y elegir cómo organizarse el tiempo puede ser maravilloso para unas personas pero quizás otras prefieran la comodidad de hacer un trabajo repetitivo de 9:00 a 18:00 y que les digan qué hacer en cada momento.
  • Si eres un maniático del control y una persona responsable como es mi caso, quizás tener una agenda sea lo que te haga sentirte dueño de tu tiempo. En mi tiempo sin “agenda” se han entrometido algunos momentos de culpabilidad por no estar haciendo “lo que debía hacer”.

La conclusión que saco (por ahora) es que, la situación ideal para mí o aquella con la que siento que soy dueña de mi tiempo, es tener un horario más o menos establecido, que siento que he elegido o al menos aceptado, pero tener la libertad de saltármelo cuando considere.  El mundo sería maravilloso y seríamos un poco más felices si todo fuera así. Esto es así en algunas empresas, de modo que, quizás, lo que nos falte en muchos casos sea precisamente ese sentimiento de haber elegido.

¿Qué es ser dueño de tu tiempo para ti?

Laura.

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